Aunque Morelos ha mostrado una reducción en los índices de pobreza en los últimos años, las condiciones laborales reflejan un panorama desigual: el empleo informal domina y casi 900 mil personas carecen de acceso a servicios de salud.
De acuerdo con datos recientes, la entidad ha logrado generar más fuentes de trabajo; sin embargo, la mayoría no cuentan con prestaciones sociales ni seguridad laboral, lo que limita el verdadero impacto en el bienestar de las familias.
El crecimiento del empleo no formal se traduce en un rezago estructural: trabajadores que, pese a estar ocupados, carecen de seguridad social, pensiones y atención médica garantizada. Este fenómeno ha sido calificado por especialistas como un “espejismo económico”, ya que la creación de puestos de trabajo no asegura una mejor calidad de vida.
Las cifras revelan que en Morelos cerca de 900 mil habitantes permanecen sin cobertura médica, lo que representa un riesgo latente en materia de salud pública y acentúa la vulnerabilidad de miles de familias.
El reto, advierten autoridades y analistas, es transitar hacia empleos formales que brinden estabilidad y un ingreso digno. La necesidad de políticas públicas más sólidas para incentivar a los microempresarios, así como mecanismos de apoyo para que las MiPyMEs puedan integrarse a la formalidad, se ha vuelto urgente.
En este contexto, organismos empresariales y dependencias estatales han hecho un llamado a replantear las estrategias de desarrollo económico, poniendo énfasis en la formalización laboral y la cobertura universal de servicios de salud como pilares para un crecimiento sostenible








